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¿Dónde está Daniel Francisco Solano?

Número 14, año 2019




por Cristian Bonin [1]


*Nota de Blog nuestrAmérica: compartimos este trabajo también como una forma de protesta, como un apoyo a quienes luchan contra la injusticia y como denuncia ante las desapariciones en democracia. 
Consideramos que las reflexiones de Cristian Bonin contribuyen a la liberación y son un aporte desde las ideas teológicas a la superación de las injusticias.

 
Convido vivencias parado en una pregunta y en una acción: ¿Dónde está Daniel Francisco Solano? ¡¡¡Daniel, te estamos buscando!!! Muchos convivimos con esta pregunta y esta acción desde la madrugada del 5 de noviembre de 2011 cuando se vio por última vez a Daniel Solano  siendo sacado a los empujones por personal policial del boliche Macuba Megadisco ubicado en la localidad de Choele Choel, provincia de Rio Negro, Argentina.



Buscar la hilacha… siempre la hay

La búsqueda de Daniel fue, y es algo, así como estar frente a un gran telón que fija un límite a la mirada y al observar un hilito deshilachado resolver tirar de él… Y sin claudicar seguir desentramando y ovillando. Numerosas claridades empiezan a asomar en la vivencia paradojal de tener que desarmar para reconstruir. Muchas voces empezaron a reaccionar en oposición a esto: “¡están ensuciando y dividiendo al pueblo con sus denuncias!  ¡Que los Solano se vuelvan al norte! ¡Solo quieren plata! ¡Les pagan a testigos falsos! ¡Van a hacer que las empresas cierren! […]”. Pero seguimos desentramando y ovillando. A medida que se fue y se va destejiendo ese gran telón empezamos a entrever lo que hay detrás, lo que es inconveniente que se visibilice porque expone la violencia  policial como dispositivo corriente en las intervenciones cotidianas y funcional en muchos casos a intereses de naturaleza delictiva: los pactos y maniobras policiales para encubrir, un poder político y judicial proteccionista del poder policial y tan útil a tiempos de impunidad como a tiempos de justicia, empresas frutícolas cuya rentabilidad está basada en perversos mecanismos de explotación obrera, empresas privadas corruptas protegidas por funcionarios y organismos públicos deshonestos, el gremio del trabajador rural que se desenvuelve en calidad de embajador del patrón y no de representante del obrero, la ruta norte-sur del narcotráfico, un poder político incomodo y evasivo ante estos destapes… Pidiendo siempre “tranquilidad y prudencia” y solicitando “confianza en los tiempos de la justicia”… Que son disfraces semánticos de la intención “hagan silencio” y “esperen hasta agotarse”, es decir, “¡NO BUSQUEN!”.


Las propias hilachas… Los propios telones

A Daniel aún no lo encontramos pero en su búsqueda nos fuimos encontrando con lo descripto y más. Para muchos, como es mi caso, entrever por las costuras destejidas del telón este  conjunto  de  prácticas corruptas y sus consecuencias representó un golpe de realidad
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que me desacomodó, provocó crisis y ayudó a asumir que venía viviendo con los ojos vendados. Debo sincerar que muchas veces tuve la tentación de volver a enmascarar la vista para evitarme las interpelaciones que ingresaban por ojos sin vendas ni telones. Me avergüenza expresar que he considerado el “ver” como una maldición. Buscar a Daniel  desentramando lo que hay por arriba, por abajo y por los costados de su asesinato y desaparición me implica el ejercicio de destejer los propios y pequeños telones que llevo como parpados caídos o anteojeras… Como aquel ciego del costado del camino al que Jesús le pregunto “¿Qué querés que haga por vos?”… “¡Quiero recuperar la vista!” (Lc. 18,41) respondió él y mirar sin vendas es celebrar el don de ver y también padecer el don de ver. Lo que hacemos a partir de lo que vemos es oportunidad de ver quiénes somos. La interacción que resuelva con lo que vea expondrá algo o mucho de lo que soy. Me pasó y me pasa que mientras buscamos a Daniel me fui encontrando conmigo… Con mis cobardías y osadías… Con mis verdaderos sueños e intereses… Con quién soy y qué sentido quiero darle a mi vida. Del mismo modo los comportamientos de Valle Medio ante la desaparición de Daniel, revelan rasgos del yo social que somos y conformamos.


La mirada del papá de Daniel

Gualberto Solano es padre de cinco hijos. Daniel es el único varón y cuarto hijo en el orden de nacimientos. Su esposa, Dorelia Tercero, falleció por una enfermedad cuando los chicos eran pequeños. Desde entonces Gualberto, sin su compañera de vida, se ocupó de trabajar y criarlos. La familia Solano vive en la comunidad guaraní de Misión Cherenta, Tartagal (Provincia de Salta, Argentina). En octubre de 2011, al no haber “pique” en el pago, Daniel aceptó la oferta laboral de viajar a la provincia de Rio Negro para el trabajo de raleo y cosecha de la manzana. Se despidió de su familia y de su novia María Luisa, se subió al ómnibus organizado por la empresa Agrocosecha-Expofrut y junto a muchos jóvenes salteños emprendió los dos mil quinientos quilómetros que conectan el lugar de partida con el llamado Valle Medio Rionegrino. Daniel desplegó sus alas para iniciar el vuelo de los obreros golondrina.

El lunes siete de noviembre de 2011, Gualberto fue notificado que su hijo no se había presentado a trabajar y no se sabía nada de él. Inmediatamente viajó al sur para ubicarlo. Daniel era un joven familiero y muy comunicativo. Desde la madrugada del 5 de noviembre esto se interrumpió inexplicable y abruptamente. Durante los primeros treinta días se realizaron rastrillajes y se pegó cartelería con el rostro de Daniel. Nadie decía saber algo, nadie vio nada. La empresa Agrocosecha le proporcionó a la familia Solano dos abogados y las investigaciones del caso las llevaba la policía rionegrina. Estos actores basados en pistas “tiradas de los pelos” solventaban la hipótesis de que Daniel se escapó por algún motivo a Neuquén. La idea era trasladar la búsqueda a un escenario infértil de posibilidades de esclarecimiento y desgastar a la familia Solano.

Gualberto empezó a ver que no se estaban haciendo las cosas bien. Lo empezó a ver muy lejos de su querencia, en un lugar que desconocía, angustiado por la desaparición de su hijo,
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solo, sin recursos  y en manos de encubridores. Esto no desalentó a Gualberto en su búsqueda, sino que lo motivó a pedir auxilio a otras personas. Le explicó la situación al abogado tartagalense Sergio Heredia y le imploró que lo ayude a buscar a Daniel. Sergio viajo al sur y junto a Gualberto empezaron a tirar de la hilacha para deshilvanar los telones de la impunidad. A esta acción se sumó el abogado Leandro Aparicio y varias personas. Dichas acciones implicaron solidarizarnos con fuerza y sin mezquindades, porque buscar sin importar los costos genera movimientos sísmicos que se producen inmediatamente en reacción a intereses, prácticas y órdenes sociales, económicos, culturales e institucionales que se ven desequilibradas. Gualberto ante estas situaciones siempre acentuó “Yo no vine a buscar problemas, vine a buscar a mi hijo”.


La mirada del acampe

Gualberto Solano y algunos integrantes de su familia resolvieron instalarse en Choele Choel hasta encontrar a Daniel. Lo mismo hizo el abogado Sergio Heredia. Montaron una carpa en la plazoleta ubicada frente al juzgado penal 30 para hacer más visible el reclamo por la aparición de Daniel. La familia Solano y el abogado alternaban entre el acampe y la casa parroquial como lugar para ir al baño, asearse, lavar la ropa, descansar y como espacio de trabajo y resguardo de la documentación vinculada a lo que se fue desentramando.  Frente a la arquitectura sólida y bien custodiada del edificio judicial, está el acampe de los Solano. Piso de tierra, estructura hecha con palos y recubierta con trozos de lonas de piletas en desuso y nylon negro: es la imagen de David y Goliat.

Muchos pensaron que el acampe era una iniciativa fugaz. Desde 2012 hasta la fecha el acampe está en pie de reclamo observando de frente a un poder judicial con mirada esquiva. El acampe, nutrido de la constancia insobornable de un papá que lucha por encontrar a su hijo, se ha transformado en un símbolo contemporáneo y vivo. Es la fortaleza en lo frágil, la grandeza en lo pequeño, la autoridad moral en lo simple, extraoficial y sin nombramientos. Inspiración para trabajar contra las injusticias y trinchera de esperanzas. Lugar desde donde se destejen los disfraces de la impunidad para tejer abrigo social. Familiares de desaparecidos, familiares de personas asesinadas, obreros explotados, personas abusadas… Eligieron el acampe como caja de resonancia de sus historias e indignaciones. No deja de asombrarme la cantidad de gente de distintos puntos de la zona que busca orientación en el abogado de los Solano, un claro signo de la esterilidad de los organismos creados para dar respuesta a víctimas de injusticias. Esto acontecía de modo visible y frente a las narices del poder judicial. El gobierno provincial trató de desarmar el acampe ofertando a la familia Solano la comodidad de una casa y espejitos de colores así como  el Poder Judicial en varias ocasiones intentó con medidas judiciales cortar el suministro eléctrico y levantarlo… Todo sin éxito. Allí, hasta su muerte, reclamó Gualberto Solano.


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La muerte de Gualberto

El corazón de Gualberto dejó de latir sangre, ternura, lucha y búsqueda el 3 de abril de 2018. La impunidad cansa, enferma y mata. El cuerpo muerto de Gualberto grita esta verdad y tira de las vendas o telones que nos mantienen ingenuos e inactivos ante determinadas gravedades sociales. Mientras sepultaban a Gualberto en Tartagal, en Choele Choel decidimos convocarnos en el acampe para vivir su muerte. Participó mucha gente. Hubo un micrófono abierto para que espontánea y respetuosamente nos expresemos. Los más jóvenes, con lagrimas en los ojos, decían ¡gracias, Gualberto! y los más adultos con un nudo en la garganta expresamos ¡perdón, Gualberto! Eso dice mucho…


El Juicio

Desde el 20 de febrero de 2018, en la ciudad judicial de General Roca, se llevó adelante el debate judicial por el homicidio y desaparición de Daniel Francisco Solano que compromete en la primera etapa a siete policías rionegrinos, pero que se extiende a veintidós causas más que abarcan la explotación obrera, narcotráfico y encubrimiento desde la función pública.  Fueron condenados a prisión perpetua los siete policías. Ya el fallo tiene la confirmación del Tribunal Superior de Justicia de Rio Negro. Es verdaderamente alarmante que aún no se haya dictado la prisión preventiva para estos policías, que esperan la sentencia firme en una injusta libertad y con solamente una medida de suspensión transitoria de la fuerza.


Un lugar desde donde mirar

Alguien supo escribir que la vida se piensa muy distinto en un palacio que desde un precario ranchito. La mirada que tenemos sobre la realidad en buena parte se alimenta de la coordenada existencial en la que estamos parados. La elección de mirar desde el lugar de la víctima… Desde el lugar del aborigen foráneo que viene a buscar a su hijo desaparecido… Desde el lugar del obrero golondrina históricamente explotado… Me ubicó en el crudo, pero privilegiado lugar de poder ver mejor. Como cristiano no debería representar esto una novedad, porque Jesús invita con su vida a transformar el mundo desde el lugar de los últimos… Pero se ve que mi praxis de vida estaba desamarrada de este saber primario. El aquí y ahora de la víctima es el incómodo, pero potente lugar vital desde donde comprender la realidad y dejarnos conmover por las exigencias de cambio y conversión por un mundo justo y gozoso.

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[1] Párroco de la Parroquia de Choele Choel, Río Negro, Argentina.


*Visite el Blog de la Parroquia de Choele Choel en este ENLACE.



Cite este post:
Bonin, Cristian.  2019. ¿Dónde está Daniel Francisco Solano?. Blog nuestrAmérica, 14 de enero, sección Columnas. Acceso [día de mes de año].
https://rvnuestramerica.blogspot.com/2019/01/donde-esta-daniel-francisco-solano.html  




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