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La violencia y la política en Buenaventura, Colombia, entre el ayer y el hoy


Número 10, año 2019



por José Javier Capera Figueroa [1]

La realidad de violencia, despojo y hambruna en Buenaventura es latente. Ya caminar por las calles, hablar sobre política, debatir sobre la pobreza, la desigualdad y la exclusión se ha vuelto un tabú. Por supuesto el terror es cada vez más presente. Ya la generación de fronteras invisibles y en particular las acciones de masacrar y torturar a las víctimas son algo común de la criminalidad. En Buenaventura se manifiesta lo que Vega Cantor (2012) reconoce como una cultura del dinero fácil, una política del narco y una sociedad de la impunidad donde impera la utilidad por vivir, así sea necesario pasar por encima de quien sea necesario.
Un panorama que refleja la inflexión más fuerte se encuentra al ser un proyecto fallido del capitalismo contemporáneo: una tierra que tiene todo por dar y por construir, un lugar que no tiene nada que envidiarle a las grandes ciudades en razón de sus condiciones geográficas, sus bienes comunales y sus fuentes materiales e inmateriales. En Buenaventura existen nichos por investigar, escribir y proponer, pero lástima que solo sea el foco de inversión para generar programas asistencialistas y aplicar modelos hegemónicos que sólo reproducen la crisis de acumulación del capital, el abaratamiento de lo político y el vacío líquido de lo público.
Es así que el ayer de Buenaventura constituía un imperativo por construir escenarios encaminados a hacer de la paz un imperativo moral. Tal como era conocido en el argot popular “tierra de Negros, tierra de felicidad” esta enunciación era una clara demostración del diálogo cultural y de la idiosincrasia afrodescendiente al buscar construir una política deliberativa, crítica y, en lo posible, necesaria para generar caminos de resolución a problemáticas como la corrupción, la politiquería, el clientelismo y el triángulo del Poder, el capital y la guerra que tanto ha pervivido y se reproduce en la cotidianidad de los sujetos del puerto.
Los espacios socio-políticos, las asociaciones culturales y los grupos políticos alternos han sido opacados por los grupillos de bandoleros, gamonales y hacendados de la región. No resulta comprensible fuera del capitalismo que, al ser Buenaventura el puerto de mayor comercialización en Colombia, sea una de las regiones en donde abunde y se atente con mayor fuerza la desigualdad social, la criminalidad y la violencia sistemática contra la vida, la paz y la dignidad de las comunidad.
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Un ejemplo de ello es el informe de Human Rights Watch en donde se señala que siguen siendo generalizadas las extorsiones por parte de grupos sucesores del paramilitarismo, los cuales surgieron tras un proceso oficial de desmovilización de organizaciones paramilitares de derecha implementado hace una década, que presentó graves falencias. Los habitantes siguen expuestos al riesgo de sufrir ataques si cruzan ‘fronteras invisibles’ que separan los barrios disputados entre distintas bandas rivales. Los niños viven sujetos a la amenaza de ser reclutados y de sufrir violencia sexual, miles de personas han sido desplazadas y continúan ocurriendo secuestros y desapariciones con impunidad (Ferry 2015).
Otro de los puntos que constituye la barbarie del capitalismo según Löwy (2001) es el desbordamiento de la crisis ambiental. Al ser un elemento de la crisis de la condición humana, dicha condición se articula con la pérdida de soberanía fluvial y portuaria que vive Buenaventura. La complejización del fenómeno llegó a ser vista a través de la propaganda mediática de la Alianza Pacífico cuando se considera que no existían condiciones materiales e inmateriales para hacer de Buenaventura la capital de dicha organización económica latinoamericana.
No obstante, el despojo de cientos de comunidades pesqueras, familias y asociaciones fue una realidad. La lógica por imponer la expansión de la asociación portuaria era un hecho irreversible. La expansión fue masiva, el daño ambiental no tiene dimensiones mentales y las relaciones entre los grupos empresariales, el crimen organizado y la explotación humana se hicieron palpables al afectar el tejido social de las comunidades negras. Tal como manifiesta el Informe “Buenaventura ‘El despojo para la competitividad’”.
Parte de esta crisis también se debe al deterioro que existe en la esfera de lo público, la crisis de valores y la decadencia del sistema político, un sistema que de manera tajante ha generado exclusión y miseria en todo el territorio nacional. En Colombia no se vive para vivir, se vive para sobrevivir. En el adagio popular arguyen que la necesidad ha llegado hasta el punto de vender la conciencia por un peso, mercantilizar la vida por poder y acosar el acoso por dinero.
Del mismo modo la complejidad colombiana es una imagen consecutiva donde la democracia nunca ha sido un punto de importancia, sino un punto de hacer lo que el maestro Dussel (1988) denomina “sucursalera”: enajenada y sin sentido crítico. La política como acción humana es sólo un simple discurso, la banalidad del poder y la ausencia de valores dentro de lo público. Son aspectos que reflejan la colonización del mundo de la vida, la Modernidad capitalista y la colonialidad del poder, la vida y ser en las relaciones sociales (Dussel 1988; Grosfoguel 2006).

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Referencias

Dussel, Enrique. 1988. Hacia un Marx desconocido: un comentario de los Manuscritos: 61-63. México: Siglo XXI.
 
Ferry, Stephen. 2015. “Colombia: nuevos asesinatos y desapariciones en Buenaventura. El gobierno no ha logrado detener abusos de organizaciones criminales”. Human Rights Watch, 4 de marzo, sección Noticias.  Recuperado de: https://www.hrw.org/es/news/2015/03/04/colombia-nuevos-asesinatos-y-desapariciones-en-buenaventura

Grosfoguel, Ramón. 2006. “La descolonización de la economía política y los estudios postcoloniales: transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global”. Tabula Rasa 4: 17-48.

Löwy, Michael. 2001. “La significación metodológica de ‘socialismo o barbarie’”. Socialismo o Barbarie 2(6): 1-10. Recuperado de: http://www.socialismo-o- barbarie.org/revista/sob6/lowy.html

Vega Cantor, Renán. 2012. “Colombia and GeopoliticsToday”. El Agora USB, 12(2): 367-402.






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[1] José Javier Capera Figueroa es doctor (c) en sociología, magister en sociología y politólogo de la Universidad del Tolima (Colombia), Analista político y columnista del Periódico el Nuevo Día (Colombia) y del portal de ciencias sociales rebelión.org (España).



Cite este post:
Capera Figueroa, José.  2019.  La violencia y la política en Buenaventura, Colombia, entre el ayer y el hoy. Blog nuestrAmérica, 9 de enero, sección Columnas. Acceso [día de mes de año]. https://rvnuestramerica.blogspot.com/2019/01/la-violencia-y-la-politica-en.html




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